Escrito por DARIO FERNANDEZ el 3 de octubre de 2026
GOLPE DE ESTADO DEL 3 DE OCTUBRE DE 1989: ASÍ FUE LA INTENTONA CONTRA NORIEGA
El 3 de octubre de 1989, un grupo de militares de las Fuerzas de Defensa de Panamá se rebeló contra el general Manuel Antonio Noriega en un intento por desplazarlo del poder. La acción, encabezada por el mayor Moisés Giroldi, consiguió durante varias horas el control del Cuartel Central y mantuvo retenido al entonces comandante de las Fuerzas de Defensa.
La rebelión comenzó durante las primeras horas de la mañana en la sede de las Fuerzas de Defensa, ubicada en El Chorrillo. Giroldi, jefe de la Compañía Urracá, y otros oficiales tomaron posiciones dentro de la Comandancia y enfrentaron a las fuerzas que permanecían leales a Noriega.
Los rebeldes llegaron a controlar sectores estratégicos del cuartel y Noriega quedó encerrado en su despacho. La puerta de la oficina fue afectada durante los enfrentamientos y, según reconstrucciones posteriores, el general permaneció bajo custodia de los sublevados durante aproximadamente cuatro horas.
Durante la mañana, los militares sublevados difundieron una proclama en la que anunciaban la separación de Noriega y de otros altos mandos de las Fuerzas de Defensa. También planteaban la convocatoria de nuevas elecciones con supervisión de la Organización de Estados Americanos.
La situación comenzó a cambiar cuando unidades militares leales a Noriega se movilizaron hacia la Comandancia. Entre ellas estuvo el Batallón 2000, mientras que desde Río Hato se desplazaron efectivos de la unidad conocida como Macho de Monte. La respuesta militar incluyó ametralladoras, lanzagranadas y morteros contra las posiciones ocupadas por los rebeldes.

Después de varias horas de enfrentamientos, los militares sublevados se rindieron y Noriega recuperó el control de la Comandancia. El diario español EL PAÍS reportó al día siguiente que los combates se habían prolongado durante unas siete horas, desde aproximadamente las 7 de la mañana hasta las 2 de la tarde.
Uno de los puntos más discutidos posteriormente fue el papel de Estados Unidos. En las horas posteriores al levantamiento circularon versiones sobre un supuesto respaldo estadounidense a los militares rebeldes. El gobierno de George H. W. Bush negó públicamente haber participado en la intentona, mientras las tropas estadounidenses estacionadas en Panamá fueron colocadas en estado de máxima alerta durante los enfrentamientos.
El fracaso de la rebelión tuvo consecuencias inmediatas para los militares que participaron en ella. Giroldi y otros oficiales fueron detenidos después de la rendición. En las horas y días siguientes, varios de ellos fueron ejecutados en distintos puntos bajo control de las Fuerzas de Defensa.
La conocida como Masacre de Albrook dejó varios militares muertos. Entre las víctimas estuvieron los capitanes León Tejada, Juan Arza, Edgardo Sandoval y Eric Murillo; el teniente Jorge Bonilla; los subtenientes Ismael Ortega y Francisco Concepción; y el sargento Feliciano Muñoz. El sargento Deóclides Julio murió en el Cuartel Central, mientras Giroldi fue ejecutado el 4 de octubre en el antiguo cuartel de Tinajitas. El capitán Nicasio Lorenzo murió posteriormente en la cárcel Modelo.
Años después, los tribunales panameños establecieron responsabilidades penales relacionadas con estos hechos. En 1994, Manuel Antonio Noriega fue condenado a 20 años de prisión por el asesinato de Giroldi y posteriormente recibió otra condena relacionada con la muerte de militares en Albrook.
La intentona del 3 de octubre fue el último levantamiento militar de gran importancia contra Noriega antes de la invasión estadounidense del 20 de diciembre de 1989. El fracaso de la rebelión y la posterior ejecución de sus participantes marcaron uno de los episodios más sangrientos de los últimos meses del régimen militar panameño.

Treinta y siete años después, el 3 de octubre de 1989 permanece como uno de los acontecimientos determinantes de aquel período. La captura temporal de Noriega, la recuperación de la Comandancia y las ejecuciones posteriores convirtieron aquella jornada en un episodio que todavía genera investigaciones y distintas interpretaciones sobre las decisiones tomadas por los militares panameños y el papel que tuvo Estados Unidos en los acontecimientos.



